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Amigos:
Aquí os ofrezco esta joya, extraida de "El Alquimista" de Paulo Coelho, que espero os guste tanto como a mí. Es un relato que termina con un corolario muy explicativo acerca de lo que es la felicidad.
Quisiera aportárais vuestro punto de vista a tan maravilloso secreto.

EL SECRETO DE LA FELICIDAD
Erase una vez, un buen hombre ya mayor, que viendo que su vida se acercaba a su fin, deseaba fervientemente legarle a su único hijo la mayor herencia que pudiera.
Durante su vida había sido laborioso, y gracias a ello y a su perspicacia, obtuvo notable éxito en sus negocios, con lo que acumuló bienes suficientes para que si su primogénito seguía aquello que le había inculcado, no tendría preocupaciones a lo largo de su existencia.
Pero el buen hombre no se sentía satisfecho. El quería ofrecerle a su hijo algo más que seguridad económica y un status respetable. Así que después de pensarlo bien decidió enviarlo con el más sabio de todos los hombres de su época, para que éste le enseñara “El Secreto de la Felicidad”.
El joven, después de recibir las bendiciones de su progenitor, partió de su casa dispuesto a caminar durante cuarenta días a través de montañas, llanuras y desiertos hasta llegar al castillo donde vivía el Sabio.
Transcurridos los días y tras un duro esfuerzo por el largo camino, el chico arribó al castillo. Traspasó el puente levadizo, posteriormente el patio de armas y nuestro héroe penetró en una gran sala. Lo que allí vio sorprendiole en demasía y contradijo sus expectativas. Donde esperaba encontrar a un hombre santo retirado del mundanal ruido, recluido en un ambiente silencioso y sosegado, recogido en sus pensamientos y filosofías, se encontró con aquel inmenso salón que rebosaba actividad; hombres de negocios y mercaderes entraban y salían de la sala en un flujo constante, grupos de personas hablaban y discutían diseminados por la estancia; en una esquina de la cámara una pequeña orquesta relajaba la atmósfera con melodías apacibles y delicadas, propias de los gustos musicales de la época; en el extremo contrario al conjunto musical, una colosal mesa ofrecía las viandas más suculentas y los más deliciosos manjares de aquella región del mundo y de otras lejanas y de diferente gastronomías. En el centro de aquella sala y sentado en un sobrio trono el Sabio conversaba con multitud de personas, en grupos o individualmente. El joven preguntó a un paje y le dijeron que esperase para ser atendido. Tomo asiento y así lo hizo durante dos horas.
Cuando llegó su turno expuso al Sabio, que escuchaba atentamente, el motivo de su visita. Al cabo le respondió:
- Escuche joven, ahora estoy muy ocupado resolviendo un asunto de trascendental importancia, por lo que, en este momento, no puedo satisfacer tu petición. Te propongo que des un paseo por mi palacio y vuelvas pasadas dos horas.
Pero voy a pedirte que me hagas un favor – y entregándole una cucharilla de té en la que dejó caer dos gotas de aceite de oliva, le dijo – Mientras camines lleva esta cucharilla y cuida de que el aceite no se derrame.
El joven se sorprendió de la actitud y la petición del Sabio, pero sin rechistar salió de la gran sala y con los cinco sentidos fijos en la cucharilla y las dos gotas, comenzó a subir y bajar escalinatas, a entrar y salir de diferentes salones, cuartos y estancias y durante dos horas estuvo recorriendo la mansión del Sabio, terminadas las cuales, retornó a su presencia.
El Sabio lo escudriñó con unos ojos que rebosaban conocimiento, sapiencia y erudición y expresó:
- Bien, bien, bien. Aquí tenemos a un lozano joven que quiere conocer “El Secreto de la Felicidad”. Pero dime, después de pasear por mi palacio durante dos horas, ¿qué te parecieron las preciosas alfombras árabes y los tapices persas, de multitud de países que adornan mis paredes?; ¿reparaste en el espectacular vergel, elaborado por mi maestro jardinero durante quince años de arduo trabajo?; ¿y supongo que observarías y quedarías impresionado con los maravillosos libros y pergaminos que guardo en mi biblioteca?-
Nuestro héroe, bajo la cabeza, pudibundo y repuso que obsesionado con no dejar caer las dos gotas de aceite que le fueron confiadas, no tuvo la oportunidad de advertir y conocer todo aquello que el Sabio le relataba.
- Pues, en ese caso, tómate otras dos horas, vuelve y repara en las maravillas de mi mundo. No puedes confiar en una persona si previamente no conoces su casa.
El joven, ya más sereno y sosegado, tomó de nuevo la cucharilla y volvió a deambular por el castillo. Esta vez sí que se detuvo para observar todas las obras de arte que adornaban y decoraban la mansión del Sabio. Además de las mencionadas por el anciano, se dejó cautivar por la hermosura de la flores del jardín; reparó en las bellas columnas de mármol, traídas desde Macael, en la Península Ibérica; se detuvo en admirar la gran bóveda central de la sala de oraciones y, ya casi al final de su paseo y desde la atalaya, divisó las ricas tierras sembradas de viñas y árboles frutales que circundaban el castillo.
Concluido el paseo regresó a la presencia del Sabio y a demanda de éste, le relató lo que había visto y lo extraordinario que todo le había parecido. El viejo lo escuchó y cuando concluyó su exposición le dijo:
- ¿Pero dónde están las dos gotas de aceite que te di?
Nuestro chico miró aterrado la cucharilla de té y confirmó lo que el Sabio ya le había dicho: había derramado las dos gotas, las había perdido.
En ese momento, el más Sabio de todos los Sabios lo miro con infinita ternura y en voz baja y aproximándose a él le dijo:
- Pues éste es el único consejo que puedo darte:
< “El Secreto de la Felicidad se halla en poder mirar todas las maravillas del mundo, pero sin olvidarse ni derramar nunca, las dos gotas de aceite de la cuchara”>


< Adaptación libre de un fragmento del libro “El Alquimista” de Paulo Coelho

Jp
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Respuestas a esta discusión

Hola. Leí este libro hace algunos años y aunque no recuerdo con claridad su contenido sí tengo claro el buen sabor que me dejó. Así y todo y aunque me parezca que el simil del libro es imposible porque veo incompatible disfrutar del paisaje y mantener ese horroroso equilibrio, estoy convencida de que para sentirnos felices no nos queda otra, que disfrutar de las cosas que tenemos a nuestro alcance sin olvidarnos de nuestros asuntos, porque si no nos dirigiríamos al desastre. Pero también creo que la felicidad está en el camino y que es mejor ir recogiendo las cosas buenas que encontremos por el camino por pequeñas que sean, sin despreciar ninguna porque lo que vayamos recogiendo es lo que tendremos. Me ha quedado un poco cursi pero es lo que siento

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