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Este es un relato que escribí hace ya bastante tiempo. La idea me vino inspirada después de varias lecturas que hice por aquel entonces; un par de biografías y una novela de ficción. Pensando sobre ellas cai en la cuenta que tres sabios como lo fueron Bach, Euler y Philidor fueron contemporaneos y los tres permanecieron durante un tiempo bajo el mecenazgo del Zar Federico El Grande, por lo que es muy probable que se conocieran en algun momento de sus vidas. De esta idea se me ocurrió el siguiente relato, que aún siendo ficticio en su mayor parte, se basa en datos reales.
Con este pequeño cuento sólo pretendo haceros pasar un ratillo entretenido, aportaros algunos datos y sugerir una discusión sobre el punto principal de mi relato, es decir, el poder de la música y su relación con las matemáticas..
Aparte de ello, quedo totalmente abierto a cuantas críticas queráis hacer, ya sea sobre mi estilo o mi modo de escribir como sobre el relato, el guión o lo que se os ocurra. Sean del signo que sean os aseguro que todas serán bienvenidas. Y sin más paso al relato.

EL PODER DE LA MUSICA
EL ENCUENTRO

I

El Kappellmeister estaba sentado al piano. Tenía las manos apoyadas sobre el teclado mudo y meditaba. Su primogénito hojeaba unas partituras. De pronto habló y le dijo a su padre,
“podríamos invitarlo a tomar el té, sería interesante compartir conocimientos con tan poderosa inteligencia”, concluyó.
Me parece buena idea; – exclamó el músico y agregó - cítalo para la tarde de mañana y encárgate de todo. Invita también al matemático. Pienso que se trata también de un hombre sin par.

II

La noche anterior, el padre, Johann Sebastian Bach, fue invitado a compartir una velada en los salones del Zar Federico el Grande, envueltos en toda la pompa y circunstancia que requería la ocasión, en calidad de Maestro de Capilla.
A mitad de la ceremonia, el Zar, con el fin de amenizar la reunión y dirigiéndose al maestro, le pidió que tocara para los presentes.
Bach aceptó la petición y presentó la obra que iba a interpretar.

- Quisiera tocar para Ustedes una pieza compuesta por Su Majestad, con arreglos de un servidor, que he titulado RICERCAR, acróstico de “Reggis Iussu Cantio Et Reliqua Canonica Arte Resoluta”, que en sentido amplio significa,” Canción hecha por el Rey resuelta mediante el arte del Canon” -.
- Estimado Kappellmeister, disculpe mi ignorancia musical pero, podría explicarme cuál es el arte del Canon? - preguntó una cortesana con voz grave.
- Con sumo agrado, estimada señorita. El Canon es una estructura musical de carácter polifónico que tiene como característica básica que cada voz suena después de ciertos compases, repitiéndose la melodía de forma superpuesta, con lo que se crea la ilusión de que se prolonga eternamente – expuso el Maestro.

Dicho lo cual, se desplazó hasta el órgano, se sentó ante las teclas y sin más preámbulos atacó la pieza.
El Zar y todos los presentes escuchaban con avidez la composición real, que gracias a los arreglos del maestro y la calidad interpretativa de éste, la convertían en una obra aceptable.
Una vez terminada surgieron los aplausos y parabienes de la satisfecha concurrencia que el maestro recibió humildemente.
Entonces habló el Rey, gran aficionado al ajedrez: - Monsieur Philidor, me han informado de su nuevo libro “Análisis del juego del ajedrez”, en el que expone su novedosa “Peregrinación del caballo”. Sería tan amable de mostrarnos su nueva creación? -
El aludido, el músico y ajedrecista francés André Philidor se incorporó tímidamente, era muy joven, y habló a la concurrencia.

- Me siento muy honrado de explicar mis conocimientos ante tan distinguida corte. Tal y como indica Su Alteza Real he conseguido realizar una peregrinación del caballo cerrada o completa, es decir, he calculado el recorrido que hace el caballo sobre el tablero, partiendo de una casilla y pasando por todas las demás sin posarse dos veces sobre la misma, para terminar en la de inicio, completando así su tránsito -.

Terminado su parlamento se dirigió a una palestra donde habían insertado un tablero de ajedrez y mostró su idea realizando físicamente la peregrinación del caballo. Cuando concluyó, el público aplaudió con entusiasmo. Philidor dirigiéndose hacia el Kappellmeister Bach le regaló el documento donde había desarrollado su formula.

- Muy agradecido por su ofrenda, Monsieur Philidor. Quisiera corresponder a su gesto. Ya le avisaré – dijo Bach.

III

Los dos invitados llegaron al mismo tiempo. El mayordomo los hizo pasar al recibidor, donde el hijo mayor del maestro, Wilhelm Friedemann Bach los recibió efusivamente acompañándoles hasta el salón donde su padre trabajaba.

- Estimados amigos, es un honor para mí recibir en mi casa a tan insignes y respetados pensadores – dijo Bach.
- Sin duda el honor es nuestro Herr Bach – exclamó Euler.

Podría decirse que el suizo Leonhard Euler era el mayor matemático y más prolífico del momento. Introdujo gran parte de la moderna terminología y notación matemática, particularmente para el área del análisis matemático.

- No lo dude maestro, nos honra con su invitación- dijo Philidor.

Se sirvió el té y conversaron animadamente, centrándose la conversación en la pasión principal de los allí reunidos, la música. Llegado el momento, Herr Bach se levantó y se dirigió hacia el órgano. Sentado ante él, interpretó para sus invitados una pieza musical de una belleza inusitada. Terminada su ejecución ambos matemáticos estaban asombrados ante lo que acababan de escuchar. Se incorporaron entre exclamaciones de gozo y dirigiéndose hacia el maestro pasaron a observar la partitura. Lo que vieron sobre el atril los hizo enmudecer.
Bach había realizado anotaciones sobre el tablero de ajedrez que Philidor le había entregado la noche anterior y convirtiendo los números del matemático en notas y acordes, creo la pieza musical que acababan de escuchar.
Patidifusos, tanto Euler como Philidor no daban crédito a lo que veían, y sobre todo, a lo que ello representaba.

IV

Euler, pasado el estupor inicial exclamó:

- ¡ Ha convertido las matemáticas en música ¡ -.

Johann Sebastian Bach tomó la palabra:

- Efectivamente, tal como usted indica, Monsieur Philidor, he transformado los números en notaciones musicales con el fin de aseverar y demostrar que las teorías matemáticas pueden convertirse en música y, por supuesto, a la inversa, por lo que concluimos que ambos saberes están íntimamente relacionados.
De hecho, Pitágoras, el genial filósofo de Samos, ya propugnó, que el cosmos era armonía, es decir, un conjunto ordenado en el que los cuerpos celestes guardaban una disposición armónica que hacía que sus distancias estuvieran entre sí en proporciones similares a las correspondientes a los intervalos de la octava musical. Por lo tanto, si la armonía del cosmos, del universo, era musical, pero su naturaleza inteligible era de tipo numérico, llegamos a la conclusión de que es el número la clave de todas las cosas – concluyó su discurso el músico.
- A partir de esto, podemos afirmar que si existe Dios, se trata sin duda, de un matemático excepcional – dijo Philidor evidentemente excitado.
- Además, si miramos los textos sagrados, en concreto la Biblia, podemos leer la frase: “En el principio fue el Verbo”. El Verbo, observen, se refiere a la palabra, al sonido……..a la música – exclamó Euler.
- Correcto - dijo Bach- retomando la palabra. Es posible y como corolario de este excelso silogismo, que Dios realizara la creación del Universo mediante la interpretación de un Canon, repetitivo, armónico y melódico, compuesto por El.
- La música……las matemáticas…….las notas y los acordes, los números y las formulas………origen del Universo y de todo cuanto contiene. ¡Qué idea más maravillosa! – dijo Philidor.

Los tres genios se miraban cómplices. Aquel encuentro les había cambiado muchas ideas y conceptos. Ante ellos, nuevos caminos se abrían, nuevas vías de pensamiento.
El Kappellmeister, el Maestro de Capilla, el gran Johann Sebastian Bach, el compositor y organista, se sentó cansadamente y mirando a sus invitados concluyó:

- Tengo 64 años y he estudiado música desde que tuve uso de razón. Puedo deciros que si algo he aprendido en todos estos años, es que la música no se limita a comunicarse con nuestras mentes, sino que, de hecho, es capaz de cambiar nuestro pensamiento de manera imperceptible. Por ello, si como hemos concluido, la música tiene el poder de crear el Universo, por la misma lógica, de igual manera, podemos decir que también podría destruir una civilización -.

Dicho lo cual, los tres sabios quedaron mudos y absortos en sus pensamientos.

JUAN PABLO

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Este relato va dedicado a Lola(MD)

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